Trabajo, economía y cuidados: ¿quién sostiene la vida?

La igualdad de género no puede analizarse sin mirar al mundo del trabajo. El empleo, los ingresos y la distribución de tareas domésticas y de cuidados constituyen el núcleo de las desigualdades que atraviesan la vida cotidiana.

Durante décadas, el análisis económico tradicional invisibilizó un hecho central: la mayor parte del trabajo que sostiene la vida no es remunerado y recae sobre las mujeres. Cocinar, limpiar, criar hijos, cuidar enfermos o acompañar a personas mayores son tareas esenciales para la reproducción social, pero rara vez se contabilizan en el PIB o se reconocen como aportaciones económicas.

Este artículo aborda cómo género, economía y cuidados se entrelazan en un sistema que combina avances con persistentes desigualdades.

El acceso de las mujeres al empleo remunerado

En el siglo XX, las mujeres conquistaron el derecho al trabajo asalariado, pero su integración al mercado laboral ha estado marcada por brechas y discriminaciones.

  • La tasa de participación laboral femenina mundial es casi 30 puntos inferior a la masculina (OIT, 2022).
  • Las mujeres suelen concentrarse en sectores feminizados como educación, salud o servicios, muchos de ellos mal remunerados.
  • El techo de cristal limita su ascenso a cargos directivos, y el suelo pegajoso las atrapa en trabajos precarios y mal pagados.

Incluso en países donde la educación universitaria femenina supera a la masculina, las brechas laborales persisten.

Brecha salarial y pobreza de tiempo

La brecha salarial de género se mantiene en torno al 20 % globalmente. No se explica solo por discriminación directa, sino por factores estructurales: segregación ocupacional, menor acceso a puestos de responsabilidad y penalización de la maternidad.

A ello se suma la pobreza de tiempo: las mujeres realizan en promedio tres veces más trabajo no remunerado que los hombres. Esto limita sus posibilidades de formarse, trabajar más horas o descansar, y reproduce un círculo vicioso de desigualdad.

El trabajo de cuidados: entre invisibilidad y centralidad

El trabajo de cuidados es un campo clave de análisis feminista. Autoras como Silvia Federici, Nancy Fraser o Amaia Pérez Orozco han mostrado cómo el capitalismo se sostiene sobre una división sexual del trabajo que asigna a las mujeres la responsabilidad de la reproducción social.

Durante la pandemia de COVID-19, esta realidad se hizo más visible: millones de mujeres asumieron la sobrecarga de cuidar a enfermos y sostener la vida en condiciones precarias, mientras muchos servicios públicos se colapsaban.

Hoy, organismos internacionales reconocen que el cuidado es el gran desafío económico y social del siglo XXI. El envejecimiento poblacional, la crisis de los sistemas de salud y la precarización laboral hacen urgente repensar cómo se distribuye, se valora y se financia el cuidado.

Economía global, migraciones y cadenas de cuidados

En un mundo globalizado, los cuidados se han convertido también en un fenómeno transnacional. Muchas mujeres migran desde países del Sur global para trabajar como cuidadoras, empleadas domésticas o enfermeras en países del Norte.

Esto genera lo que se ha llamado “cadenas globales de cuidados”: mujeres que dejan a sus propias familias al cuidado de otras, a menudo en condiciones de gran vulnerabilidad. Así, la desigualdad de género se cruza con la desigualdad global, y el bienestar del Norte depende de la precariedad del Sur.

Políticas públicas y corresponsabilidad

En las últimas décadas, varios países han implementado políticas para enfrentar estas desigualdades:

  • Leyes de igualdad salarial y medidas contra la discriminación laboral.
  • Permisos parentales que buscan equilibrar el cuidado de hijos entre madres y padres.
  • Servicios públicos de cuidado (guarderías, residencias, atención a dependientes).
  • Políticas de corresponsabilidad en el hogar, que promueven la distribución equitativa de las tareas domésticas.

Sin embargo, el alcance es desigual. En países con sistemas de bienestar sólidos (como los nórdicos), los cuidados se conciben como responsabilidad colectiva. En otros contextos, recaen casi exclusivamente en las familias, es decir, en las mujeres.

Debates emergentes: ¿qué economía queremos?

El análisis feminista ha planteado preguntas incómodas a la economía ortodoxa:

  • ¿Por qué solo se contabiliza como “trabajo” lo que genera ingresos, y no lo que sostiene la vida?
  • ¿Cómo diseñar indicadores económicos que midan la equidad y no solo el crecimiento?
  • ¿Es posible construir una economía del cuidado como pilar del desarrollo sostenible?

Algunas propuestas incluyen renta básica universal, valorización monetaria del trabajo no remunerado en las cuentas nacionales, y modelos económicos postcrecimiento que pongan la sostenibilidad de la vida en el centro.

Retos globales

El vínculo entre trabajo, economía y género presenta retos diferenciados en función del contexto:

  • En el Sur global, la prioridad sigue siendo garantizar el acceso de las mujeres a empleos decentes y reconocer derechos laborales básicos a trabajadoras domésticas.
  • En el Norte global, el desafío está en romper techos de cristal, avanzar en corresponsabilidad y evitar la precarización derivada de las cadenas globales de cuidados.
  • A nivel global, la digitalización y la transición ecológica plantean interrogantes sobre cómo se redistribuirán empleos y cuidados en el futuro.

Conclusión

El trabajo y la economía no pueden comprenderse sin considerar el género. Las mujeres sostienen la vida con su trabajo remunerado y no remunerado, pero siguen enfrentando desigualdades estructurales.

De aquí a 2030, el gran reto será reconocer el cuidado como derecho, como necesidad social y como responsabilidad compartida, transformando tanto las políticas públicas como las prácticas culturales.

La igualdad de género no se logrará sin una redistribución profunda de los recursos, el poder y el tiempo. Y esa redistribución comienza en la economía, pero se extiende a toda la sociedad.

Preguntas para el debate

  1. ¿Debe considerarse el trabajo de cuidados como un derecho social garantizado por el Estado?
  2. ¿Qué límites y potencial tiene la idea de contabilizar el trabajo no remunerado en las cuentas nacionales?
  3. ¿Cómo evitar que la corresponsabilidad en el hogar recaiga otra vez solo en discursos, sin transformaciones reales?
  4. ¿Las cadenas globales de cuidados son una forma de solidaridad transnacional o de explotación desigual?
  5. ¿Es posible una economía sostenible sin reorganizar radicalmente el reparto del tiempo y los cuidados?

Número 27: Igualdad de género, avances y resistencias

Política y representación: mujeres en el poder Salud, derechos reproductivos y autonomía corporal
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