Una hoja de ruta hacia el bienestar colectivo

Los once artículos anteriores han dibujado un panorama amplio, complejo y urgente: el de un sistema de salud y cuidados en España que, pese a sus fortalezas, vive tensionado por décadas de desinversión, privatización progresiva y falta de reformas estructurales.

A las crisis heredadas (infrafinanciación, desigualdades territoriales, precariedad laboral, presión privatizadora) se suman nuevos desafíos que desbordan el modelo tradicional: el envejecimiento demográfico, la crisis climática, el colapso de los cuidados, la emergencia en salud mental, la creciente medicalización de la vida cotidiana y la dificultad para garantizar equidad real en el acceso a derechos.

Frente a ello, no basta con ajustes técnicos. Lo que está en juego es un modelo de sociedad y un contrato social. ¿Queremos un sistema basado en el bien común o en la lógica del beneficio? ¿Queremos que la salud y el cuidado sean derechos universales o mercancías accesibles solo para quienes pueden pagarlas?

Cinco ejes estratégicos para una transformación profunda

A partir del análisis realizado a lo largo de este número, se proponen aquí cinco ejes de acción política y social, que pueden servir como hoja de ruta hacia 2030:

1. Reforzar lo público como garantía de igualdad

  • Aumentar de forma sostenida la financiación del Sistema Nacional de Salud hasta alcanzar, al menos, la media europea en gasto por habitante.
  • Reforzar y blindar la atención primaria como columna vertebral del sistema.
  • Revertir privatizaciones, revisar conciertos y garantizar la titularidad y gestión pública directa de servicios esenciales.
  • Garantizar la universalidad real del acceso, sin exclusiones por estatus migratorio ni otras barreras.

2. Construir un sistema nacional de cuidados digno y feminista

  • Aprobar y desarrollar un Sistema Estatal de Cuidados, con financiación finalista, criterios de equidad territorial y participación ciudadana.
  • Reconocer el trabajo de cuidados —remunerado y no remunerado— como pilar del bienestar, dignificándolo laboralmente y redistribuyéndolo socialmente.
  • Impulsar modelos de atención centrados en la persona, en el domicilio y en la comunidad, frente al modelo institucionalizado.
  • Incorporar la economía feminista en la planificación presupuestaria y social.

3. Democratizar la innovación y garantizar el acceso a medicamentos y vacunas

  • Establecer criterios de transparencia, accesibilidad y retorno público en toda la I+D financiada con fondos públicos.
  • Crear infraestructuras públicas para la producción nacional de medicamentos esenciales y vacunas, evitando la dependencia externa.
  • Reformar el sistema de fijación de precios de medicamentos y avanzar hacia una lógica de medicamentos como bienes comunes.
  • Apostar por una ciencia pública, cooperativa y orientada al bien común.

4. Colocar la salud mental, la prevención y la salud comunitaria en el centro

  • Desarrollar una red pública de salud mental, de proximidad, accesible y con enfoque psicosocial y comunitario.
  • Invertir en educación afectivo-sexual, salud ambiental y alimentación saludable desde la infancia.
  • Reforzar la salud pública como sistema anticipatorio, preventivo e intersectorial.
  • Promover la participación ciudadana en los diagnósticos, decisiones y evaluaciones de salud.

5. Afrontar la crisis climática como una emergencia sanitaria

  • Incorporar la perspectiva de salud en todas las políticas climáticas y urbanísticas.
  • Adaptar las infraestructuras sanitarias al cambio climático y reducir su huella ambiental.
  • Implementar sistemas de alerta temprana y respuesta rápida ante fenómenos extremos.
  • Promover modelos de vida saludables y sostenibles: ciudades verdes, movilidad activa, aire limpio y justicia ambiental.

Lo que está en juego: más allá del sistema sanitario

El futuro del sistema de salud y de cuidados no se juega únicamente en los despachos del Ministerio de Sanidad o en los presupuestos autonómicos. Se juega en el tipo de sociedad que decidamos construir colectivamente: más igualitaria o más segregada; más centrada en la vida o en el beneficio; más democrática o más tecnocrática.

En este sentido, cuidar la salud y reorganizar los cuidados no es solo una política sectorial. Es una apuesta por una vida vivible para todas las personas, especialmente aquellas que más difícil lo tienen.

Del diagnóstico a la acción: voluntad política y exigencia ciudadana

La transformación que necesitamos no será fruto de la inercia ni de gestos simbólicos. Requiere decisiones valientes, presupuestos adecuados, reformas estructurales y presión ciudadana organizada.

El Estado debe asumir su papel de garante y regulador. Las administraciones autonómicas y locales deben implementar con ambición las políticas necesarias. Y la sociedad civil debe mantener el foco sobre lo importante: la defensa de la vida digna, los derechos y lo público.

En un tiempo de incertidumbre, crisis encadenadas y malestar social, el cuidado emerge no como una debilidad, sino como una fuerza colectiva. Cuidar la salud, cuidar a quien cuida, cuidar el planeta, cuidar los vínculos y los derechos. Esa es la brújula para no perder el rumbo.

Preguntas para el debate

  1. ¿Qué implicaría transformar el sistema sanitario desde una lógica de cuidados?
  2. ¿Qué obstáculos políticos y culturales impiden poner el bienestar en el centro?
  3. ¿Cómo se construye un contrato social más justo desde la salud y los cuidados?
  4. ¿Qué papel debe jugar la ciudadanía en esta transformación?
  5. ¿Cómo evitar que las reformas estructurales queden en promesas sin cumplimiento?

Número 11: Cuidar como horizonte colectivo

Salud y cambio climático: crisis superpuestas
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