Economía feminista y políticas de cuidado

Vivimos en sociedades profundamente dependientes de los cuidados, pero que rara vez los reconocen, los valoran o los retribuyen de forma justa. Cuidar (alimentar, escuchar, acompañar, limpiar, sostener, enseñar) es esencial para el bienestar individual y colectivo, pero ha sido históricamente relegado al espacio privado, feminizado y desvalorizado.

La economía feminista lleva décadas denunciando esta contradicción: que el sistema económico actual solo funciona porque externaliza los costes del sostenimiento de la vida, descargándolos sobre los hogares, las mujeres y, cada vez más, sobre cadenas globales de trabajo precario.

En el centro de esta crítica está una idea clara: la economía no solo es producción y consumo, sino también reproducción social, tiempo, vínculos, salud y dignidad. Y si queremos un modelo de bienestar más justo, debemos reorganizar profundamente cómo se reparte el trabajo de cuidados, quién lo paga, quién lo hace y en qué condiciones.

Los cuidados en cifras: un pilar que sostiene todo lo demás

Según estimaciones del INE y de la OIT:

  • Más del 80% del trabajo de cuidados no remunerado en España lo realizan mujeres.
  • El tiempo dedicado a este trabajo equivale a casi el 15% del PIB si se contabilizara como valor económico.
  • Las mujeres dedican, de media, dos veces más tiempo que los hombres a tareas domésticas y de cuidado no remunerado.

Además, gran parte del trabajo remunerado de cuidados (atención domiciliaria, residencias, educación infantil, limpieza) está mal pagado, subcontratado y socialmente infravalorado, lo que genera una cadena de desigualdades que se conecta con el género, el origen étnico y la clase social.

Del tiempo individual al tiempo colectivo

La organización actual del tiempo en nuestras sociedades dificulta el cuidado mutuo y la vida digna. Jornadas laborales extensas, servicios públicos desbordados, escuelas sin recursos, transporte ineficiente… todo conspira contra la posibilidad real de cuidar y ser cuidados.

Frente a este modelo, la economía feminista propone:

  • Políticas de tiempo que reduzcan y redistribuyan las jornadas laborales.
  • Servicios públicos accesibles que liberen tiempo y recursos a las familias.
  • Fomento del corresponsabilidad entre hombres y mujeres en los hogares.
  • Una mirada comunitaria que reconozca el cuidado como un bien común y una responsabilidad colectiva.

Crisis del cuidado, crisis del sistema

La llamada “crisis de los cuidados” no es un fenómeno nuevo, pero se ha agudizado por el envejecimiento de la población, la precarización del empleo, la migración y la falta de políticas públicas adecuadas. La pandemia no la creó, pero sí la visibilizó brutalmente.

Millones de mujeres asumieron en solitario el cuidado de mayores, personas enfermas, criaturas y personas dependientes en condiciones de gran estrés, sin descanso ni apoyo institucional. El sistema económico se mantuvo gracias a estos cuidados invisibles, no al revés.

Hoy, más que nunca, es urgente pasar de una lógica de cuidados “de último recurso” a una política pública central, estable, bien financiada y estructural.

Construir un sistema estatal de cuidados: una apuesta política

La economía feminista propone la creación de un Sistema Estatal de Cuidados, similar en escala y ambición a la sanidad o la educación pública. No se trata solo de mejorar servicios existentes, sino de:

  • Reconocer los cuidados como un derecho social universal.
  • Crear infraestructuras de cuidado públicas y de calidad: centros de día, atención domiciliaria, cuidados comunitarios, espacios de respiro.
  • Dignificar las condiciones laborales de las trabajadoras del sector.
  • Promover la participación social y comunitaria en el diseño de los servicios.
  • Coordinar los cuidados entre servicios sociales, sanidad, educación y empleo.

Este sistema debe ser interseccional, territorializado y con enfoque de derechos, reconociendo las necesidades diversas de las personas según su ciclo vital, situación familiar, origen, identidad o capacidades.

El papel del Estado y el reto de la corresponsabilidad social

No basta con que el Estado financie algunos servicios si no asume un papel rector y garante del derecho al cuidado. El reto está en:

  • Evitar la mercantilización de los cuidados, que genera desigualdad y precariedad.
  • Superar la lógica de “subvencionar” lo que antes hacían las familias, sin transformar la organización social del cuidado.
  • Establecer criterios de calidad y equidad en todo el territorio nacional.
  • Impulsar una cultura del cuidado como valor social, no como carga individual.

El futuro será con cuidados… o no será

Si queremos sociedades justas, resilientes y sostenibles, el cuidado debe ser el nuevo centro de gravedad de las políticas públicas. No como un añadido al sistema económico, sino como su eje transformador.

La economía feminista no solo denuncia una injusticia histórica: propone un modelo alternativo de bienestar, basado en la cooperación, la sostenibilidad de la vida y la redistribución del tiempo, el poder y los recursos.

Preguntas para el debate

  1. ¿Cómo cambiaría la sociedad si se reconociera el cuidado como un derecho universal?
  2. ¿Qué significa “poner la vida en el centro” desde una perspectiva política?
  3. ¿Debería haber un sistema estatal de cuidados como existe para la salud o la educación?
  4. ¿Qué políticas concretas podrían promover la corresponsabilidad entre hombres y mujeres?
  5. ¿Cómo afectaría una reorganización del tiempo de trabajo al bienestar colectivo?

Número 11: Cuidar como horizonte colectivo

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